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Why I surf

My history with surfing began the year I lived in my motorhome; when I decided to discover the secret corners of the Iberian peninsula on wheels.

I started my adventure heading out from Barcelona towards the Pyrenees and from there I went to Galicia, crossing the entire Cantabrian coast. I then followed the route down through Portugal to Cádiz, then down to Morocco. And finally, headed up the Mediterranean coast to reach the Ebro Delta – the place where I was born. My plan was to travel around the Peninsula and get to know North Africa (in fact, Morocco was not in the original plan, but that’s another story that I’ll tell you later).

When I arrived in the Basque Country, my first stop on the coast was Zarauzt, one of the mythical sites of Basque and European surfing. Once I got there, I found by accident a mythical campsite in town where there were a lot of people with their vans or motorhomes – all with their surfboards. Each morning and evening, as if it were a religious ritual, they climbed down the hillside stairs that led to the beach with their neoprene folded at the waist of their slender bodies, surfboard in hand.

With a lot of curiosity, the first day I followed them to the long beach of Zarauzt, the town and its beautiful mountains. Zarauzt is the home of the mythical school and surf brand PUKAS. I was so impressed that I immediately signed my kids up for lessons, and just so I wouldn’t be waiting on the sidelines, I signed myself up too.

At first it felt strange, starting a somewhat risky sport at the age of 40 didn’t seem very sensible. But since I have always felt very young in spirit, I didn’t question it. So there I was, surrounded by children and with a teacher who was double their age. Getting into the Bay of Biscay with a huge green board, with the simple curiosity of discovering what would happen.

Luckily or unfortunately (today I think it was luckily), I took the first wave that came, I got up on the board and, believe me, it had been years since I felt a sensation like that. I noticed the strength of the wave below me and how I slid on it, like Jesus Christ walking on water it was … without motor, without anything that moved me, just me and my board. Now I can say with total certainty that it was a mystical experience.

From that moment, surfing has become a part of my life, an obsession. The fact that the rest of my adventure passed through all the Cantabria, Portugal and Cádiz – the European mecca of surfing and classic route of surfers – hooked me even more on this sport and I have not stopped practicing since then.

Through this experience, I discovered that surfing is more than a sport, it is a philosophy of life. Without realizing it, you completely change your routines, your priorities, your values … Suddenly, you prefer to sleep in your van in front of the sea rather than in a 5 star hotel in the city, so that the first and last thing you do in your day is enter the water. You also learn to stop and observe the sea, as a meditation, to stop and study the waves, where they break, which beach works best at high or low tide, and thousands of observations more to optimize your surfing experience.

When there are waves, the world stops. Work, obligations, whatever … everything stops when the sea offers you good waves to surf. This makes surfers adapt our lives around our passion. We need to be able to escape once a month to a place with big waves (especially if you live on the Mediterranean, where there are smaller waves). We cannot commit to jobs with fixed schedules and without flexibility. In short, when surfing is your passion, your priorities change and they begin to revolve around this sport.

Surfing is a sport that has many modalities. Each wave requires a different style, a different board … which means that there are people who prefer small waves and long boards, or big waves and with much smaller boards. In addition, there are people of all ages. You’ll find teenagers, adults alone or with their children and, of course, entire families who practice surfing as a family activity.

From the perspective of physicality, I have not known a sport as complete as surfing. As my teacher said, surfing is 90% paddling and 10% surfing, which means that you spend a lot of time paddling, working your entire back, getting optimal muscle tone to be in shape. Also, since you are in the water, you do not notice gravity as much, which makes it pleasant. It is true that at first you end up with your arms exhausted, but over time the body adjusts.

Surfing is a dynamic sport with which you can work your physique and be in contact with nature and the ocean. If you like to travel and discover new beaches, this sport is ideal and an extremely fun way to do it. I think that for these reasons surfing has more and more followers and it is becoming a very attractive community for many people.

PORQUE SURFEAR ES BENEFICIOSO PARA TI

Mi historia con el surf empezó el año que viví en mi autocaravana, cuando decidí recorrer la Península sobre ruedas y descubrir nuevos rincones.

Empecé mi aventura subiendo desde Barcelona hacia el Pirineo, y desde allí me dirigí hacia Galicia, recorriendo toda la costa Cantábrica. Seguí la ruta bajando por Portugal hasta Cádiz, y después bajé hasta Marruecos. Ya por último, empecé a subir por el Mediterráneo hasta llegar al Delta de l’Ebre, el lugar donde nací. En definitiva, mi plan fue dar la vuelta a la Península y conocer el norte de África (en realidad, Marruecos no estaba en el plan original, pero eso es otra historia que os contaré más adelante).

Cuando llegué al País Vasco, mi primera parada en la costa fue Zarauzt, uno de los sitios míticos del surf vasco y de Europa. Una vez llegué allí, encontré por casualidad un camping mítico en el pueblo donde había un montón de gente con sus furgos y sus autocaravanas, todos con sus tablas de surf. Cada mañana y cada tarde, como si de un ritual religioso se tratase, bajaban por las escaleras de una colina que llevaban del camping a la playa. Salían con su neopreno puesto hasta la cintura, mostrando sus esbeltos cuerpos, y con la tabla de surf entre sus brazos.

Con muchísima curiosidad, el primer día que les vi les seguí para encontrar la larga playa de Zarauzt, el pueblo y sus preciosas montañas. Zarauzt es la casa de la mítica escuela y marca de surf PUKAS. Todo aquello me impactó tanto que inmediatamente, con las excusa de mis hijos, como quien les lleva a esquiar, los apunté a unas clases de surf. Y, como no, para no esperarles sin hacer nada, yo también me apunté.

Al principio se me hizo raro, porque empezar un deporte nuevo de cierto riesgo a los 40 años, igual no parece muy sensato. Pero como siempre me he sentido muy joven de espíritu, no lo dudé. Así que allí estaba yo, rodeado de niños y con un profesor al que le doblaba la edad. Metiéndome en el Cantábrico con un enorme corcho verde, con la simple curiosidad de descubrir que pasaría.

Por suerte o por desgracia (hoy pienso que más bien fue por suerte), la primera ola que vino la cogí, me levanté encima de la tabla y, creedme, hacía muchos años que no sentía una sensación como esa. Notar la fuerza de la ola debajo de mi y deslizarme sobre ella, como si de Jesucristo deslizándose por encima del agua se tratase… Sin motor, sin nada que me moviera, solo yo y mi tabla. Ahora puedo decir con total certeza que fue una experiencia mística.

Desde aquel momento, el surf no ha salido de mi vida, ni de mi cabeza, como una obsesión. El hecho de que el resto de mi aventura pasase por todo el Cantábrico, Portugal y Cádiz, meca europea del surf y ruta clásica de surferos, hizo que me enganchara aún más a este deporte, y no he dejado de practicarlo desde entonces.

En este tiempo he descubierto que el surf es más que un deporte, es un filosofía de vida, porque sin darte cuenta cambia completamente tus rutinas, tus prioridades, tus valores… De repente, prefieres dormir en tu furgo delante del mar antes que en un hotel de 5 estrellas en la ciudad, porque así, lo primero y lo último que haces es entrar en el agua. También aprendes a parar y observar el mar, como una meditación. Parar y estudiar las olas, donde rompen, que playa funciona mejor con la marea alta o baja, y miles de observaciones más que haces para optimizar al máximo tu experiencia de surf.

Cuando hay olas, se para el mundo. El trabajo, las obligaciones, lo que sea…todo se para cuando el mar te ofrece buenas olas para surfear. Esto hace que los surfistas adaptemos nuestras vidas alrededor de nuestra pasión. Necesitamos poder escapar una vez al mes a un sitio con olas grandes (sobretodo si vives en el Mediterráneo, donde hay menos olas). No podemos dedicarnos a trabajos con horarios fijos y sin flexibilidad.

En definitiva, cuando el surf te apasiona, todas tus prioridades cambian y empiezan a girar alrededor de este deporte.

El surf es un deporte que tiene muchas modalidades. Cada ola requiere un estilo diferente, una tabla distinta… lo cual hace que haya gente a quien le gusten más las olas pequeñas con tablas largas, o las olas grandes y con más pared con tablas mucho más pequeñas. Además, hay gente de todas las edades. Te encuentras jóvenes, adultos con sus hijos o solos y, por supuesto, familias enteras que practican el surf como una actividad familiar.

Desde el punto de vista físico, no he conocido un deporte tan completo como el surf. Como decía mi profesor, el surf es 90% remar y 10% surf, lo que quiere decir que te pasas mucho tiempo remando, trabajando toda tu espalda, consiguiendo un tono muscular óptimo para estar en forma. Además, como estás en el agua, no notas tanto la gravedad, lo que hace que sea agradable. Es cierto que al principio acabas con los brazos destrozados, pero con el tiempo el cuerpo se acostumbra.

Resumiendo, el surf es un deporte dinámico, con el que trabajar tu físico y poder estar en contacto con la naturaleza y el océano. Si te gusta viajar y descubrir nuevas playas, este deporte es ideal para llenar tu tiempo de una forma extremadamente divertida. Creo que por estas razones el surf tiene cada vez más seguidores y se está convirtiendo en una comunidad muy atractiva para mucha gente.