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Minimalismo como estilo de vida

Hace poco encontré un documental que se llama Minimalism   y cuando lo vi sentí como si alguien hubiese creado esa historia para describir como me he sentido casi toda mi vida.

Cuando vas creciendo como persona, te vas encontrando con retos que van poco a poco moldeando tu personalidad. Algunos potencian tus cualidades; otros, en cambio, las bloquean. En cualquier caso, son esas experiencias las que dan forma a la persona en la que nos convertimos.

El reto, muchas veces, es conseguir que esos impactos en tu personalidad sean positivos, o como mínimo que no te aparten de quién eres tú realmente.

De niño, e incluso de adolescente, tenía la obsesión de guardar todas mis pertenencias en una misma habitación. No soportaba la idea de tener mis cosas distribuidas en diferentes habitaciones. Recuerdo que hasta quería guardar la bicicleta en mi habitación. Era, y sigue siendo, una manía que roza la obsesión compulsiva.

El caso es que siempre me ha gustado tener en un mismo sitio lo esencial, y en un orden que me haga sentir a gusto y cómodo.

Con los años, esa “obsesión” se ha convertido en un estilo de vida que me ha dado muchas ventajas. Por ejemplo, me fascina la idea de tener dos maletas donde, en cualquier momento, podría meter todas mis pertenencias y mudarme en cuestión de horas. Incluso os confesaré que tengo un tiempo record personal de mudanza: 3 horas.

Una de mis etapas favoritas fue cuando me fui a vivir a mi autocaravana durante un año. Además de ser una aventura increíble en muchos sentidos, me encantaba la idea de poder llevar todas mis pertenencias encima. Mi casa sobre ruedas.

Así fue como me di cuenta de que no necesitaba tantas cosas.  Es más, muchas de ellas se convirtieron en un lastre. Sentía que las iba moviendo constantemente de un lado a otro. Por eso, posteriormente me compré mi furgo, donde sí que llevo solamente conmigo lo absolutamente necesario.

Cuando vi el documental del que os hablaba antes, Minimalism, entendí que no estaba solo en el mundo y que en realidad vivir solo con lo esencial era una manera de sentirme libre. Porque cada cosa que posees, también te posee a ti. Y no hay nada malo en desear un objeto, pero debemos entender que ese objeto no nos hará más felices. Simplemente, nos ofrecerá su uso para poder hacer algo con él, y es precisamente la interacción con ese objeto la que sí nos puede llegar a dar felicidad.

Me gusta pensar que soy minimalista, que tengo las cosas justas y necesarias para mi día a día, e intento no consumir demasiado. Y cuando lo hago, intento que sean cosas que me ofrezcan una experiencia, como por ejemplo una tabla de surf, que me permite disfrutar del mar; mi furgoneta, que me permite viajar y dormir en parajes insólitos; mi cabañita en el monte, donde paso tantos días con mis fieles perritas en un entorno natural mágico; o un viaje con mis hijos, donde vivimos experiencias juntos que quedan guardadas en nuestros recuerdos para la eternidad.

Creo que hay muchas maneras de tener posesiones, y sin duda las de carácter vivencial son mucho más valiosa que las de carácter material.

Y tú, ¿como te sientes? ¿Eres minimalista o tienes otro enfoque en la vida?